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Hoteles Boutique no aptos para argentinos
Hotelería Boutique

Hay algo para lo que los argentinos no son los mejores: para ser huéspedes de los hoteles boutique. Esos emprendimientos, que tienen como denominador común unir una pequeña o mediana empresa con el valor agregado de la cultura del diseño, son espacios reservados casi exclusivamente para viajeros extranjeros. "Nosotros recibimos todos turistas foráneos. Los argentinos, en general, no disfrutan de este tipo de lugar. Además, la mayoría no puede pagar las tarifas de los hoteles boutique", afirma Estela Fitere, copropietaria, junto a su amiga Silvina Tarrio, de La Cayetana, una casa de 1820 que fue remodelada como hotel boutique y abrió sus puertas en diciembre de 2005 en el barrio de Monserrat. "El segmento de turistas que eligen los hoteles boutique encuentran en ellos una infraestructura atractiva, privacidad y una oferta de servicios comparable a un hotel de 4 ó 5 estrellas ", cuenta Guillermo Lavallén, presidente de la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT). A diferencia de los hoteles tradicionales que superan las 90 habitaciones, los de tipo boutique no tienen más de 30, cada una con su diseño y diferente decoración. Además, no tienen tarifas diferenciadas para pasajeros locales.

DISEÑO GLOBAL
El concepto boutique desembarcó en Argentina a finales de la década del 80, pero vivió su auge hace dos años, cuando creció un 50%. Aunque admite la influencia europea, el arquitecto sanjuanino Ernesto Goransky dice que inventó los hoteles de diseño. De hecho, el primer hotel boutique porteño fue su Design Suites, inaugurado en 1989. "Yo entiendo este tipo de empresas como una unidad de diseño total. No se pueden separar las partes, porque cada centímetro tiene valor", dice Goransky. Para él, la clave está en el concepto, la confianza, la comunicación y la cultura. De allí el nombre de su segundo hotel boutique, Design Ce que abrió hace 2 años en Marcelo T. de Alvear 1695. El arquitecto también cuenta que tuvo que transformarse en "developer", porque "no existían los clientes". De hecho, a casi 20 años de la creación de aquel hotel pionero, el 90% de los clientes son extranjeros. Pequeños, lujosos, cuidadosos de los detalles y con atención personalizada, estos alojamientos se desperdigan por Palermo, Recoleta, Las Cañitas, Monserrat y San Telmo. Los turistas, en su mayoría brasileños, chilenos, europeos y estadounidenses, pasan un promedio de 4 días en ellos. La expansión de estos lugares —que explotan la idea de "como en casa"— no para: entre mayo y octubre la cadena New Age Town & Country Hotels (NA) abrirá otros 5 en la Argentina, incluído el Vitrum en Palermo Hollywood. Y en 2008 está prevista la apertura de Club Tapiz Iguazú, en Misiones. Con un fuerte sentido de la estética, la vanguardia tecnológica y la preservación patrimonial, los hoteles boutique copan los barrios, en busca de esas casonas que escasean en el centro, y también el interior. A través de una nueva ética de atención, los hoteles de autor se perfilan como un tipo de alojamiento relativamente nuevo. Pero los argentinos no son hoy su público ideal.

Fuente: Diario La Razón 27/07/2007


 


Los hoteles de diseño son la nueva tendencia turística de la Ciudad
Hoteles de Diseño

Estética, vanguardia, tecnología. Son todas palabras que en la nueva generación de hoteles porteños se traducen en paredes blancas, muebles sofisticados, pantallas de plasma y luces cenitales. Los hoteles de diseño están en expansión: de los 15 emprendimientos que abrieron en 2005 o lo harán próximamente, ocho son de este tipo.

El dato tiene que ver con una tendencia mundial (ver Ejemplos...), y también con la gran producción de diseño que hay en Buenos Aires, lo que hizo que la UNESCO la declarara recientemente Ciudad del Diseño.

En estos hoteles, la estética es parte fundamental de la propuesta. Y la mayoría son boutique: pequeños y lujosos. El primer hotel de diseño porteño fue el Design Suites, que inauguró en 1999 en Marcelo T. de Alvear 1683. La pileta detrás del lobby, visible desde la calle, es su sello.

Su creador fue el arquitecto Ernesto Goransky, que también compró otro terreno a escasos diez metros. Goransky, alejado de la gestión del Design Suites, abrió con sus sus mismos lineamientos el CE, en Marcelo T. de Alvear 1695, a mediados de 2005. Los dos, frente al Palacio Pizzurno, marcan un fuerte contraste con su academicismo francés. La antigua arquitectura se descubre además en las huellas del anterior edificio en la medianera del CE, que se ven a través del techo vidriado del lobby. Y el piso, también de vidrio, deja ver el jacuzzi del subsuelo. "Los planos de vidrio permiten trabajar la arquitectura real y la virtual. Y en la planta baja libre se confunden el espacio público y el privado, la Ciudad se apropia del espacio", explica Goransky recostado en uno de los sillones, que también tienen su razón de ser. "Los argentinos somos cariñosos. Por eso los almohadones y las mantas están hechos en lana de llama y arpillera de seda, son una invitación a tocarlos", cuenta.

Es que en estos hoteles ningún detalle es casual. El hogar del lobby del 725 Buenos Aires, que el mes próximo se inaugurará en lo que fue el antiguo Continental, quedó porque así lo pensó Alejandro Bustillo, el prestigioso arquitecto que proyectó el hotel en 1927. "La fachada se respetó y los interiores se hicieron a nuevo, pero dejamos elementos antiguos, como el hogar y unas molduras en la recepción que resaltamos con una luz especial", dicen Romina Sandá y Dolores Sylvester, gerente y directora comercial de este nuevo cinco estrellas, gerenciado por los mismos inversores que están remodelando con igual estética el Nogaró.

Muchos de los huéspedes están ligados al arte, el cine y la publicidad, o son empresarios que hacen ellos mismos la reserva por Internet y buscan lugares distintos. Además, son muy buscados por los equipos de filmación que cada vez graban más comerciales en la Capital. Un mediodía, un grupo de una productora acaba de hacer el check in en el Madero by Sofitel, un cinco estrellas de diseño en Puerto Madero. Algunos toman un café y otros juegan en un billar del lobby. Otro espacio muy usado por los turistas es el health club del último piso, donde está la pileta rodeada por un deck de madera, y que tiene una impresionante vista del dique 1. "Hace un año que me alojo. Me gusta la modernidad y la hospitalidad en la atención", dice allí Alexandre Menezes, un brasileño que trabaja en telecomunicaciones y viene por trabajo.

Un dique más al norte, la vanguardia estalla en el Faena Hotel & Universe. Inaugurado a fines de 2004, lo creó Alan Faena y lleva la firma del francés Philippe Starck, uno de los diseñadores más famosos del mundo. Las habitaciones de estilo imperio conjugan cortinas de terciopelo, pisos de lapacho y baños de mármol. El lujo también desborda en los espacios comunes, como el restorán El Bistró, que recuerda a la Belle Epoque con sillones de cuero blanco. "La propuesta del diseño tiene que ver con nuestra propuesta del vivir. Es el respeto por la persona. Si llegás a un lugar que estéticamente acompañe tu vivir, te sentís en tu casa. Un lugar inmenso que es un 'no lugar' no te hace sentir en casa. Lo más importante era generar un lugar que no sólo esté inspirado en nuestros valores, sino que genere una visión de lo que para nosotros significa Buenos Aires", analiza Faena. John Smithkline, un huésped europeo, le da la razón: "Lo elegí porque aquí puedo conocer la cultura de los argentinos, en el marco de una arquitectura espectacular".

En otros hoteles, si bien no son netamente "de diseño", el estilo se ve en los ambientes despojados con muebles oscuros y tejidos de colores cálidos, iluminación estratégica y jarrones de vidrio con lilium y azucenas. Por ejemplo, el Hilton y el Regal Pacific, ambos de cinco estrellas y con una estética ejecutiva y moderna. O varios de NH, como el Jousten, el City y el Crillón (en remodelación), edificios antiguos reciclados a nuevo. "El diseño le da un plus a un hotel, porque la manera de presentar pasa a ser una experiencia", aporta Juan José Cugliandolo, director de relaciones institucionales de NH.

Como en en estos casos, otros muchos nuevos hoteles son en realidad reciclajes. El Regidor se transformó en el Vista Sol, un ejemplo de vanguardia con barandas de vidrio y una lucarna que ilumina toda la planta baja. Y el grupo Fën reabrió el Phoenix como Esplendor, un modelo que repitió en Calafate y piensa exportar a Latinoamérica. El hotel, justamente, busca recuperar el esplendor de las viejas construcciones porteñas. Y así, de los pasillos despojados se abre una puerta de cuatro metros de alto que da a cada habitación, donde "todo está pensado en función del diseño y el arte", asegura Cecilia Timossi, la arquitecta que lo remodeló. Las ventanas originales de madera enmarcan la vista del río al fondo de Córdoba, y unas cortinas caladas en láser evocan los antiguos visillos. Cada cuarto es distinto, pero se repiten elementos como las arañas de tul y voile que imitan un paraguas, y los respaldos de cuerina de las camas con una manta tejida.

La fórmula une creatividad y negocio, y está en expansión. Guillermo Lavallén, titular de la Asociación de Hoteles de Turismo, sostiene que "los emprendimientos en hotelería se están encarando en distintas direcciones, como design hoteles, boutique y temáticos, para ofrecer un abanico de propuestas acorde a los requerimientos de los huéspedes". Goransky dice que es el resultado de una nueva generación de emprendedores, jóvenes profesionales que "piensan desde lo creativo". El resultado: diseño argentino de exportación, que los extranjeros pueden disfrutar como una atracción turística más.


Fuente: Diario Clarín 31/01/2006.


 


Las nuevas estrellas porteñas
Hoteleria Boutique

Estilo, buen gusto, mucha onda y atención personalizada. Los hoteles boutique se están posicionando como la nueva atracción del mercado turístico. Chiquitos, lujosos, con finos detalles de diseño, decoración y tecnología, estos establecimientos de colección ofrecen privacidad, servicios de excelencia y todo tipo de atenciones para que sus huéspedes se sientan como en casa. O mejor.

En la Ciudad ya funcionan diez —tienen entre 4 y 5 estrellas— y se está construyendo otro, siguiendo los pasos del fenómeno que pisa fuerte en Europa —sobre todo en París— y en otras partes del mundo, y que nació como una "reacción a las grandes cadenas internacionales", según entiende Guillermo Lavallén, presidente de la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina. La tendencia se multiplica por el país, en históricas estancias y sitios exclusivos de campo, mar y montaña.

Con vocación patrimonial, la mayoría de los inversionistas de estos proyectos elige casonas de estilo, petit hoteles o viejos PH para instalarse. Suelen ser lugares tranquilos, con no más de 50 habitaciones, verdaderos oasis dentro de la gran Ciudad. El recorrido por las suites porteñas abarca: el Park Plaza Kempinski Hotel (Parera 183), Design Suites (M.T. de Alvear 1683), Dazzler Suite Arroyo (Arroyo y Suipacha), Dazzler Tower (San Martín 920), Esplendor (San Martín 780, que abrirá oficialmente en los próximos días), 1555 Malabia House, La otra orilla (J. Alvarez 1779) y Bo-Bo (Guatemala 1882).

Y los temáticos: Mansión Dandi Royal, dedicado al tango (Piedras 922), Boquitas Pintadas, con estética pop (Estados Unidos 1393) y el Tang Hotel, también de tango, que se está construyendo en Bolívar 365. Completan la ruta tres sofisticados lugares en la zona norte: Hotel del Casco (San Isidro), Villa Julia (Tigre) y La Pascuala Delta Lodge (San Fernando). (Ver Lujo en...).

"Vine al Design Suites porque es moderno, hay buen ambiente y gente joven en todos los puestos", comenta John Ticosta, frente a su laptop, en el lobby con piscina de este hotel de diseño por el que pagó US$ 110 la noche. Canadiense, diseñador de joyas y fanático de Internet, Ticosta vive la mitad del año en Londres y la otra, en México. "No tiene nada que envidiarle a hoteles de este tipo que conocí en Europa. Lo importante es que te puedan solucionar problemas a cualquier hora", explica.

El mercado de los 4 y 5 estrellas y aparts —la categoría que le corresponde a los boutique— es el que registró mayor ocupación en el último año, con niveles que llegaron al 70%. Los 4 estrellas crecieron un 23,2% y los 5 estrellas, un 22,3% durante 2004 con respecto a 2003. Estos datos, procesados por la Subsecretaría de Turismo porteña, también hablan del nuevo boom que está despertando: el de turismo de negocios, que sólo en 2004 generó en la Ciudad 480 millones de pesos.

"El empresario tiene motivos de disfrute adicional en estos hoteles con servicio diferenciado. Encuentran temáticas atractivas y una oferta de servicios de excelencia por la que pagan lo mismo que un 5 estrellas", señala Marcela Cuesta, al frente de la Subsecretaría que estudia reformular la ordenanza 36.136, de categorización hotelera, para distinguir este tipo de alojamiento alternativo. "La actual legislación rige desde 1982, pero no acompaña los patrones internacionales que surgieron en estos últimos 20 años", agrega la funcionaria.

"No me pierdo en pasillos laberínticos y todos me saludan por mi nombre, saben qué lugares quiero conocer y cómo me gusta la comida. Es más cálido que un monstruo con mil habitaciones", compara Elaine Harris, una turista alemana, en el patio cubierto por enredaderas y jazmines de La otra orilla, en Palermo. La atención es primordial en los hoteles boutique, donde el trato familiar y la estética son tanto o más importantes que los metros cuadrados de instalaciones.

Fuente: Diario Clarín 10/07/2005.


 


Hoteles boutique: la ganga de tener una casona y refaccionarla para los turistas extranjeros
Hoteles Boutique

Frente al indiscutido auge del turismo en la Argentina luego de que la moneda local se devaluara y el país se convirtiera en un destino muy atractivo para los viajeros del mundo, surgió un nuevo concepto en hospedajes, distinguido por la atención personalizada.

Y como los argentinos no son de perder el tiempo, enseguida lo convirtieron en un negocio rentable con nombre y apellido: “hoteles boutique” o, hablando mal y pronto, casonas viejas refaccionadas. Es decir, alojamientos de 4 y 5 estrellas con menos de 20 habitaciones donde el conserje, si es que lo hay, conoce el nombre del pasajero y lo hace sentir como en su casa.

Silvina Tarrio, dueña de “La Cayetana” junto a Estela Títere, afirma que existen dos características fundamentales que los diferencia de las cadenas que se replican de forma exacta en todas partes del mundo: el tamaño y el tipo de atención. “Si lo necesitan le damos asistencia turística, en caso de que se enfermen los acompañamos al médico o a la farmacia y pueden encargar cosas particulares para desayunar”, ejemplifica.

Para Patricia O’Shea, quien abrió las puertas de “Home Hotel Buenos Aires” a fines de 2005 junto a su marido (el músico Tom Rixton) el término está un poco bastardeado. “Hay cadenas de hoteles que le llaman boutique porque le pusieron una planta exótica o ‘bed & breakfast’ que también utilizan el nombre porque está de moda”.

La exclusiva decoración y los servicios de valor agregado también juegan un rol predominante. “Son espacios sofisticados y personalizados en los que predomina el diseño, en algunos moderno y en otros clásico. También se ofrecen distintas actividades como clases de yoga, masajes, y degustaciones. Todo con una impronta personal y exclusiva”, apunta a Marcelo Salas de "248 Finisterra Hotel".

Huéspedes demandantes

La clientela de los hoteles boutique busca las facilidades de un alojamiento de lujo pero con un clima hogareño. “Tratamos de que haya un ambiente casero y que los turistas tengan contacto entre sí en la convivencia”, comenta Tarrio.

A diferencia de una gran parte del público de las cadenas hoteleras, los huéspedes de estos pequeños alojamientos no tienen un perfil corporativo, sino más bien turístico. O’Shea aclara que en su hotel (nombrado por la revista "Wallpaper" -algo así como la Biblia del diseño- como "el mejor nuevo hotel del mundo") también se aloja gente que viene a trabajar a la Argentina pero con una tendencia artística.

En cuanto a las nacionalidades de la clientela, tanto Marcos De Lauretis, gerente de “Gurda tango & Winery Hotel”, como el resto de los hoteles consultados, coincidieron en que el público en su mayoría es europeo, pero también estadounidense y latinoamericano.

Negocio pensado para extranjeros

Si el turismo dolarizó los precios de restaurantes, shows y cadenas hoteleras tradicionales, por qué no iba a suceder lo mismo con los “hoteles boutique”, pensados en exclusividad para el público extranjero.

Dato especulado y comprobado: las tarifas son inaccesibles para los porteños, al menos para los de clase media. En promedio, varían de US$100 a US$320 dependiendo del tipo de habitación y lugar elegido. Pero esos no son los precios finales, en general falta sumarle el IVA.

De todas maneras, O´ Shea resume: “no son hoteles elitistas, esa no es la idea. La variedad de precios hace que tengamos personas de todas las edades, tipos de profesión y nivel económico. No todos tienen rolex de oro, eso es lo lindo”.


 
Fuente: Minuto Uno.com

 


 

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